Sports have the power to shape character, build resilience, and bring people together. But for many young athletes in our Adventist schools, competition is more than just winning—it’s a way to honor God. Whether running alone on a quiet Friday or playing in a packed gymnasium, these athletes show that faith and determination can go hand in hand.
Keilana Rivas: Running for God's glory
Keilana Rivas, a sophomore at Sacramento Adventist Academy, made school history by qualifying for the California state championship cross-country race. The challenging 5K course was a test of physical endurance and faith. Keilana chose to dedicate her athletic gifts to God, which meant making difficult choices—like missing key races on the Sabbath.
Thankfully, race officials allowed her to run each qualifying race the preceding Friday. Competing alone, without the advantage of running alongside others, she still placed high enough to advance. Despite battling a cold, the week before the state championship, she ran with strength and determination, finishing with overwhelming support from family, friends, and even race officials. At the finish line, she was awarded a citizenship medal, a testament to her perseverance, sportsmanship, and unwavering faith.
Pioneers basketball tournament: Competition with a higher purpose

While Keilana’s journey showcased personal dedication, the annual PUC Pioneers Invitational Basketball Tournament demonstrated the power of faith-driven teamwork. From Jan. 22 to 25, high school athletes from 16 schools across four states gathered at Pacific Union College for a competition that blended athletic excellence with Christian sportsmanship.
The event was more than just basketball—it was about growth, camaraderie, and character. Parents saw firsthand how these games challenged their children to become better athletes and stronger, more confident individuals. Kathleen, mother of a Pacific Union College Preparatory student, shared that these tournaments helped her daughter develop lifelong friendships.

Nate Furness, Pacific Union College church pastor, captured the heart of the event during his Sabbath vespers talk: "Play hard and be competitive, but aim to elevate your sportsmanship and teamwork as Christians. When the final buzzer sounds, remember we all play for the same team—the team of Jesus Christ."
Brian Ching, a Paradise Adventist Academy parent, echoed this sentiment, emphasizing that the coaches and teachers instilled Christ-centered values in their athletes, teaching them how to win and lose with grace.
Faith, sports, and the bigger picture
Both Keilana’s cross-country journey and the Pioneers Basketball Tournament highlight a powerful truth: sports are an opportunity to glorify God. Whether through individual endurance or team competition, these athletes demonstrate that faith is not a barrier to success—it is the foundation for it. Their stories remind us that in every race, every game, and every challenge, we ultimately compete for something greater than trophies or titles. We are running the race of faith, playing for a higher purpose, and striving to honor God in all we do.
____________________
By Ken Miller
Dedicación a Dios a través del deporte
El deporte tiene el poder de moldear el carácter, desarrollar la resiliencia y unir a las personas. Pero para muchos jóvenes atletas de nuestras escuelas adventistas, la competencia es más que solo ganar, es una manera de honrar a Dios. Ya sea corriendo solos un viernes tranquilo o jugando en un gimnasio abarrotado, esos atletas demuestran que la fe y la determinación pueden ir de la mano.
Keilana Rivas: Corriendo por la gloria de Dios
Keilana Rivas, estudiante de segundo año en la Sacramento Adventist Academy, hizo historia en la escuela al clasificarse para la carrera de campo travieso del campeonato estatal de California. El desafiante recorrido de 5 km fue una prueba de resistencia física y fe. Keilana decidió dedicar sus dones deportivos a Dios, lo que significaba tomar decisiones difíciles, como perderse carreras clave en sábado.
Afortunadamente, los oficiales de la carrera le permitieron correr todas las carreras clasificatorias el viernes anterior. Compitiendo sola, sin la ventaja de correr junto a otras, aún así se ubicó lo suficientemente alto como para avanzar. A pesar de luchar contra un resfriado, la semana anterior al campeonato estatal, corrió con firmeza y determinación, terminando con un apoyo abrumador de familiares, amigos e incluso oficiales de la carrera. En la línea de meta, recibió una medalla de ciudadanía, un testimonio de su perseverancia, deportividad y fe inquebrantable.
Torneo pioneros de baloncesto: Competición con un propósito superior

Si bien el viaje de Keilana mostró dedicación personal, el torneo anual de baloncesto PUC Pioneers Invitational demostró el poder del trabajo en equipo impulsado por la fe. Del 22 al 25 de enero, atletas de high school de 16 escuelas de cuatro estados se reunieron en Pacific Union College para una competencia que combinó la excelencia atlética con el espíritu deportivo cristiano.
El evento fue más que solo baloncesto: se trató de crecimiento, camaradería y carácter. Los padres vieron de primera mano cómo esos juegos desafiaron a sus hijos a convertirse en mejores atletas y personas más firmes y seguras de sí mismas. Kathleen, madre de un estudiante de Pacific Union College Preparatory, compartió que esos torneos ayudaron a su hija a desarrollar amistades para toda la vida.

Nate Furness, pastor de la iglesia de Pacific Union College, capturó el corazón del evento durante su discurso vespertino: «Jueguen duro y sean competitivos, pero apunten a elevar su espíritu deportivo y trabajo en equipo como cristianos. Cuando suene el timbre final, recuerden que todos jugamos para el mismo equipo: el equipo de Jesucristo».
Brian Ching, padre de familia de la Paradise Adventist Academy, se hizo eco de ese sentimiento, enfatizando que los entrenadores y maestros inculcaron valores centrados en Cristo en sus atletas, enseñándoles cómo ganar y perder con gracia.
La fe, el deporte y el panorama general
Tanto la carrera de Keilana por el campo como el Torneo de Baloncesto de los Pioneros resaltan una poderosa verdad: el deporte es una oportunidad para glorificar a Dios. Ya sea a través de la resistencia individual o la competencia por equipos, esos atletas demuestran que la fe no es una barrera para el éxito, sino que es su base. Sus historias nos recuerdan que en cada carrera, en cada partido y en cada desafío, al final competimos por algo más grande que trofeos o títulos. Estamos corriendo la carrera de la fe, jugando por un propósito superior y esforzándonos por honrar a Dios en todo lo que hacemos.
____________________
Por Ken Miller